Hace 100 años, había 2.000 millones de personas en el planeta. A finales de este año, se ha alcanzado ya la escandalosa cifra de 7.600 millones. Sin embargo, en el mismo período de tiempo, la población de elefantes ha descendido de 10 millones a menos de 450.000 ejemplares, y cada día se matan 100, a pesar de la cantidad de recursos que se dedican para su protección. Y algo similar ocurre con los leones africanos: ya solo quedan 25.000, de los 100.000 que había hace 50 años, una reducción dramática y realmente alarmante del 75%. La misma suerte han corrido también los bosques del planeta, de los que se han destruido 22 millones de hectáreas de los 80 que había.

 

Los humanos, para poder crecer y satisfacer nuestras necesidades de comida, vivienda, etc., utilizamos los recursos de los que conviven con nosotros en la Tierra: los animales salvajes. Hoy, un 50% de la población se concentra en las ciudades, y este porcentaje va a aumentar hasta el 85% en el año 2050, que realmente se encuentra ya a la vuelta de la esquina.

 

Por esta razón, el papel de los centros de conservación de la vida silvestre, como Loro Parque en Tenerife, es más importante que nunca: es necesario mantener el contacto vivo entre los animales y los ciudadanos. Y hay un dato que demuestra que esa necesidad del ser humano de acercarse a la naturaleza es real: a pesar de esta migración masiva a las ciudades, la cantidad de personas que visitan los zoológicos cada año supera los 700 millones. El rol de los zoológicos y acuarios como embajada de los animales es esencial para resolver la crisis ambiental y ha sido reconocido por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la federación de organizaciones de conservación más prestigiosa del mundo.

 

Los animales no tienen voz, y eso les impide comunicar sus problemas de forma comprensible. Por eso, son los centros de conservación de la vida silvestre los representantes más adecuados de sus intereses. El mundo se encuentra ya en la sexta ola de extinción, y sus primeras víctimas son los grandes representantes de su especie, como el león, el rinoceronte o el elefante.

 

En este contexto, los centros de conservación de la vida silvestre juegan un importante papel: el de convertirse en una reserva genética del futuro para garantizar la supervivencia de muchas especies. Y ese es el compromiso de Loro Parque, ser una auténtica embajada para los animales salvajes, un lugar al que la gente pueda acercarse a la naturaleza y aprender a protegerla. Además, el tiempo ha demostrado que la demanda de los humanos de acercarse a los animales existe, y cada año visitan los zoológicos y acuarios más clientes satisfechos con la labor que realizan estas instituciones en materia de educación, protección y conservación de especies.